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La aparición del presente número, correspondiente al segundo semestre de 2004,
contiene algunas novedades en la vida de la Revista.
En primer lugar, hemos
pretendido, y una muestra de ello se encuentra en el presente número, propiciar
que la Revista acoja trabajos en idiomas distintos al español. Respondemos en
este sentido a algunas sugerencias de miembros de la Asociación que vislumbran
dos posibilidades interesantes: la apertura de nuestro diálogo a integrantes de
la comunidad académica internacional que no tienen el español como lengua de
transmisión de sus conocimientos; y la oportunidad para que los académicos
españoles e iberoamericanos puedan alcanzar con sus escritos a los no
hispanohablantes. No ha sido ésta una decisión unilateral del Consejo de
Redacción que, por otra parte, la ha apoyado de forma unánime. Al considerar
su trascendencia, la propuesta fue elevada a la Junta de la Asociación de
Profesores y, allí donde procede, consiguió su aprobación. El concreto
sentido de la propuesta fue el que sigue: “que pertenezca al ámbito de la
discrecionalidad del Director de la Revista Electrónica de Estudios
Internacionales –y que por lo tanto sea expresamente aceptado por la Asociación-
la posibilidad de incluir trabajos en lengua distinta a la oficiosamente
oficial, siempre que ello venga avalado por la calidad de la contribución y
sin que se perjudique el recurso mayoritario a la lengua oficiosamente
oficial”. De donde se infiere que no pretendemos sino una apertura
moderada con la finalidad de ampliar el conocimiento de la doctrina española.
En segundo lugar, hemos
realizado un primer cambio en su formato, moderado, pero que, una vez
consolidado el Consejo de Redacción de esta segunda etapa, puede dar paso a una
reflexión más amplia sobre sus contenidos. A la participación en esa reflexión
seguimos llamando a todos los miembros de la Asociación de Profesores y, en
general, a nuestros lectores. Tenemos, para acoger sus ideas, un medio: la
correspondencia con la revista. Mientras, el primer cambio se traduce en una
nueva sección, titulada Reforma del
sistema de Derecho Internacional privado, a sugerencia del prof. Julio D.
González Campos, que pretende constituirse en un medio de seguimiento, difusión
y debate de la mencionada reforma. Animamos a participar en esta iniciativa.
Ha sido empeño de este Consejo
de Redacción, al igual que sucediera con el anterior, convertir la Revista en
un medio de expresión doctrinal, como mínimo, de la Asociación de Profesores
de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales. Y, en realidad, esto es
de justicia, puesto que se trata de una de las tres revistas oficiales de la
misma. Convengamos en que este empeño se encuentra dificultado por alguna traba
insospechada, por resabios de épocas pre-virtuales y por políticas no siempre
comprensibles. Cierto es que el prestigio de cada Revista se va consolidando a
medida que su proyecto crece, allega trabajos que repercutan en la vida académica,
se constituye en lugar de encuentro científico. Pero esta condición de
calidad, que no podemos juzgar los miembros del Consejo de Redacción por
motivos obvios, tiene una vida independiente del soporte en que se vuelcan los
trabajos, las ideas, las informaciones. En este sentido, estamos en un período
en el que cuesta todavía admitir que lo que se escriba no vamos a poder asirlo,
colocarlo en un anaquel de la biblioteca, palpar sus anfractuosidades, olerlo, y
como bibliófilo, el trauma resulta comprensible. Pero de ahí a presumir que la
calidad del esfuerzo sea de menor intensidad que otra revista de papel va un
trecho que no debe transitarse. Llamamos, por eso, a los miembros de la Asociación
a tener la revista como propia y, algo más, a ejercitar nuestra responsabilidad
en el desarrollo de su proyecto porque es nuestra carta de presentación, mucho
más extendida y visitada de lo que se piensa. Por nuestra parte, para hacerla más
atractiva a efectos de publicación, pretendemos desplegar una política
tenderte a someterla a los procesos de evaluación de calidad para que así
quede registrada, por ejemplo, en índices como Latindex o en los listados de
las diversas Unidades de Calidad de las Comunidades Autónomas.
Pero a la calidad se llama con
la calidad, y en ese largo camino pretendemos implicar a los miembros de la
Asociación y a todo aquél que, sin serlo, quiera entrar en el debate
intelectual. El presente número es un paso más.
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