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Salimos otra vez con un nuevo número que, más allá de las calidades de los
trabajos que incluye, del valor de una copiosa gavilla de aportaciones, a
enjuiciar por los lectores, pretende reflejar el deseo –y casi podría decirse
el logro- de convertir la REEI en una obra de responsabilidad colectiva, cuyo
pilotaje tienda a establecer una red de complicidades en la doctrina española.
Es la revista la obra de sus redactores, de la generosidad impagable de quienes
han decidido dedicar un tiempo de su esfuerzo profesional a convertirla en una
cita esperada en la comunidad académica, a pesar de que no estemos en un año
que ayude a dispersar esfuerzos, pues la carrera de obstáculos profesional
–acreditaciones, habilitaciones, …- se encuentra en uno de sus puntos más
álgidos, y sería dificultoso encontrar a alguien no involucrado. Por eso es más
meritorio el esfuerzo volcado en algunas secciones, como las crónicas que, a
despecho de su más que manifiesta utilidad, no logran encontrar las simpatía
de acreditadotes y evaluadores. En mi caso, y supongo que también en el de los
lectores, sí que acredito/amos la valía de este conjunto de crónicas que
permiten, tras sosegada lectura, tener una más que apreciable visión de
conjunto de lo que acontece en nuestras disciplinas.
Es objetivo de toda revista que
se precie ser útil a sus lectores y, a la vez, a las entidades que la hacen
posible. En cuanto a lo primero, son ellos los que tienen que juzgarlo. En
cuanto a lo segundo, el deseo del Consejo de Redacción es facilitar el trabajo
investigador de la comunidad académica internacionalista española, su proyección
hacia el exterior y el diálogo con cualquier otro autor que pretenda
entablarlo, que nos tome por interlocutores. En esa línea no sólo seguimos con
la idea de mantener en el Ágora despiertos temas que siguen teniendo recorrido
en el discurso internacional, como el Futuro de la UE, sino también abrir otros
que penden sobre nuestra actividad docente y que van a transformarla, si no lo
han hecho ya. En esa línea aparecen las reflexiones sobre el Espacio Europeo de
Enseñanza. Esta es una revista que pretende una interrelación estrecha y
directa con sus lectores. Por eso aceptamos también de buen grado cualquier
iniciativa que provenga de ellos, y bien puede ser eso la propuesta de nuevos
temas a abordar en el Ágora. Como siempre, si esto es leído, añado que la vía
indicada es la sección de correspondencia.
Una cuestión que debe retener
el lector es la promesa, contenida en este número 11, de entregar, en un breve
plazo, un comentario sobre el Estatut. Con ello continuamos una línea abierta
en el número anterior y, según se decante el termómetro político de nuestro
país, parece que tendrá continuidad en los siguientes números. Estaremos
todos atentos.
Nuestros proyectos de futuro
apuntan en dos direcciones a corto plazo, aparte de las líneas ya consolidadas.
En primer término, pretendemos que vayan apareciendo en sucesivos números
visiones de conjunto de las aportaciones de la doctrina española en sectores
concretos de nuestras disciplinas. Un modelo a seguir es el exitosamente
confeccionado por el anterior Director, Carlos Espósito con su A
Review of the Spanish Literature in the Field of State Responsibility, que
puede consultarse en http://lcil.law.cam.ac.uk/ILCSR/Statresp.htm
. A medida que encontremos eco en los autores, iremos publicando trabajos de índole
similar. En segundo término, estamos reflexionando sobre la posibilidad de
lanzar desde la revista la iniciativa de constituir grupos de interés, al
estilo de los que están estructurados por la American Society of International
Law (Véanse en http://www.asil.org/membership/interestgroups.html
). Es una iniciativa que merece una reflexión sosegada, un oportuno sondeo
acerca de si tiene interés y, a partir de ahí, decisón para llevarla a
efecto. En el estadio en que nos encontramos, volvemos a pedir opinión a
nuestros lectores.
Y ya sólo
queda animar a la lectura de las contribuciones del nº 11 de la REEI.
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